Thursday, April 23, 2026

Crónicas capuchianas

 I

El Encapuchado va por la banqueta hacia la puerta del club. En eso se da cuenta que un grupo de tres hombres mayores departen alegremente en la calle y bloquean su camino. El Encapuchado monta en santa cólera y al grito de "¡¡¡con permiso!!!" avienta su no muy ligera humanidad sobre los tertuliantes. Uno de ellos vio venir al misil humano y no solo se quitó de su camino, si no que lo palmeó en la espalda amablemente "pásele pásele".

El Encapuchado prosigue su camino con la cara roja de vergüenza.


II

El Encapuchado llega a su departamento a las 10 de la noche. No hay luz. El Encapuchado nunca ha cambiado un fusible, pero siempre hay una primera vez. Toma un repuesto y baja los dos pisos que lo separan de su caja de fusibles. Al llegar, se da cuenta que, hace dos años, astutamente le puso un candado a la caja, para prevenir que algún bandido fuera a robarse sus valiosos fusibles.

Después de perder media hora a oscuras buscando la llave, la encuentra, solo para descubrir que el candado está oxidado y la llave no abre. El Encapuchado comienza a sentir que su vieja amiga la desesperación está llegando. El coche está en el servicio, así que no tiene más herramientas que un martillo y decide tomar la solución más fácil. Notando que la rondana por donde pasa el candado y cierra la puerta es más débil que el candado en si, engancha éste con la parte trasera del martillo y comienza a darle vueltas.

¡Voila! el candado está en sus manos, arrancado a fuerzas. Pero la caja continúa sellada, porque al torcer la rondana y romperla, esta quedó obstruyendo la ranura por la que debía deslizarse si hubiera quitado el candado de forma decente.

Al borde de un ataque, el Encapuchado comienza a golpear con el martillo lo que quedó de la rondana. De pronto oye que una puerta se abre y la vecina del departamento de en medio baja:

- No creas que son tus fusibles, ¿eh?

- ¿Ah no?, contesta el Encapuchado, tratando de esconder el arma homicida y los destrozos que provocó en la caja de fusibles.

- Pues no, lo que pasa es que en la mañana se voló un transformador y nos dejó a los tres departamentos sin luz. Pero mañana vienen a componerlo.

- Ah, gracias, ... este bueno, yo ... yo solo estaba viendo mi caja de fusibles.

- Si, claro, buenas noches.

- Buenas noches.

Más tranquilo, el Encapuchado pudo quitar los despojos de la rondana y abrir, ¡por fin!, la dichosa caja de fusibles. Ya sin rondana la caja se tendrá que quedar abierta. Tal vez sea mejor así - filosofea mientras regresa a su departamento El Encapuchado se va a dormir con la cola entre las patas. Ya es medianoche. No hay luz.


III

El Encapuchado se dirige hacia su departamento. La calle tiene dos carriles, uno que sube y otro que baja. El Encapuchado va detrás de un carro viejo y comienza a desesperarse "méndiga carcacha". Para su mala fortuna, hay tráfico y no puede rebasar y peor, parece que la cafetera se dirige al mismo lugar que él. Pues si, el autito da vuelta a la izquierda y se planta frente a la reja que da acceso a la privada donde aparentemente ambos viven. El policía tarda en abrir, así que el Encapuchado toma aire y se pone detrás, bloqueando el carril que baja y dispuesto a contestar las mentadas de madre que se generen.

Cuando por fin abren la puerta y el Encapuchado va a pasar, el policía le hace señas que se detenga. Pensando que le va a pedir algo o quiere informarle de la próxima junta de vecinos, a ninguna de las cuales, por cierto, se ha dignado asistir, acelera. El Encapuchado estuvo a punto de tirar la reja y tal vez de rayar su coche, por que todo lo que quería el policía era que se detuviera para poder abrir la puerta contraria que el viento estaba cerrando.


IV

Eje Central a la altura del Salto del Agua. El calor y el tráfico insoportable de las 2 de la tarde han hecho mella en el humor del Encapuchado. El rojo del semáforo se eterniza. De reojo ve que un sujeto se dirige hacia su ventanilla. "Otro que pide dinero y quiere abusar de la generosidad del Encapuchado", piensa.

- Disculpe, ¿me puede dar ...

- NO, no tengo dinero ahorita

- Su hora?

- ¿Eh? ah, hum ... las dos y cinco.


V

Después de haber bajado las curvas de la autopista de Toluca a mas de 170 kilómetros por hora, de haberse peleado con tres microbuseros y cerrado a un camión de arena, el Encapuchado llega a las puertas de la escuela, dispuesto a tumbar el retén si no le abren rápido. En la reja una muchacha en minifalda, "mmmm no está mal", le ofrece un chocolate. El Encapuchado no se digna bajar la ventanilla y solo le hace una seña que no quiere nada. A través del vidrio oye las palabras mágicas.

- Es gratis

El Encapuchado baja como bólido la ventanilla.

- ¿Mande? 

- Cortesía de Toblerone

- Ah, no te había visto, gracias - miente mientras piensa que ya tiene postre y siente que una vez más, los colores se le suben a la cara.


VI

Es sábado, día de hacer las compras semanales. Empujando su carrito a cien por hora, el Encapuchado recorre los pasillos del super buscando sus alimentos, tal parece que está en una pista de carreras.

- Vaya, vaya, vaya, parece que hay problemas.

Una señora gorda bloquea su camino. El Encapuchado acerca su carrito mientras lanza miradas asesinas. La gorda no se da por enterada. Furioso, el Encapuchado trata de romper una ley de la física que establece que dos cuerpos distintos no pueden ocupar el mismo espacio.

- ¡¡¡AYYYY SEÑOR!!!

- Perdón.

- ¡¡¡Me rebanó el pie!!!

- ...

- Mira nomás lo que me hizo - se queja con su hija.

El Encapuchado prosigue su camino riendo como loco. Hace pocos años se hubiera deshecho en excusas. Pero ya no. Los tiempos cambian. Es fin de milenio.


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