Based on Psalm 23
Mind of Guanaco
Whatever grinds my gears
Friday, May 1, 2026
Pecador alerta, alerta
Pecador alerta, alerta
que la muerte está en la puerta.
Vida corta, tiempo incierto,
hoy vivo y mañana muerto,
hoy vivo y hoy mismo muerto.
Solo contra todos
Solo contra todos
Krasny Bor 1943
El respeto de todos al crucifijo
del lecho aquel donde la madre muere.
La pasión que se siente por el hijo
que es sangre de la esposa que se quiere.
La dulzura sin par de los lugares
donde se habla de amor por vez primera.
La imponente bravura de los mares.
La majestad de Dios en los altares.
Todo eso es la bandera.
Es el premio mas grande y merecido
del soldado que alcanza la victoria.
El consuelo mas dulce del herido,
del que muere en la linda justa gloria.
Bendita seas, si, bendita seas.
Y si el canto traidor de algún cobarde
te niega alguna vez el necio alarde de egoistas ideas
con su veneno vil llega a ofenderte,
la mano del leal ¡le dará muerte!
Wednesday, April 29, 2026
La tina
Cuando era yo chiquito
me limpiaban el culito
ahora que soy grandecito
me lo limpio yo solito.
Cuando vayas a la playa
no te vistas de amarillo
porque sale un cangrejillo
y te pica el fundillo.
Cuando vayas a la playa
no te lleves a mi hermana
porque sale el hombre rana
y le mete la macana.
Las muchachas de la esquina
no se meten a la tina
porque saben que hay abajo
una verga submarina.
El relojero de la esquina
cuando pasan las muchachas
al pobre relojero
se le para el minutero.
Cuando pasé por tu casa
me aventaste una flor
a la otra que yo vaya
sin maceta por favor.
Cuando pasé por tu casa
me aventaste a tu hermana
como no traia guante
la caché con la macana.
En el bosque de la China
se robaron a mi vieja
la amarraron a un pino
y le metieron el pepino
la llevaron a la playa
y le metieron la papaya
la pusieron en la cama
y le metieron la macana
la pusieron en un bote
y le metieron el camote
la llevaron a la huelga
y le metieron la que cuelga
la llevaron a la zona
y la dejaron bien panzona.
Los bomberos de Hermosillo
no apagan ni un cerillo
porque tienen la manguera
retacada en el fundillo.
El torito a la vaca
se la mete y se la saca
y la vaca agradecida
se la mama y se la estira.
Thursday, April 23, 2026
Tolerancia religiosa
Latinum
De religione curam principi esse; unam illi retindenam; puniendos, nisi aliter expediat, qui dissentiunt; falsam pacem esse tolerantismum; hunc esse Divini Numinis irrisionem, publicae felicitatis, et legum destructorem.
--- Justus Lipsius, cit. Juan Bautista Morales. Disertación contra la tolerancia religiosa. Mexico, 1831.
Español
El príncipe debe cuidar de la religión; mantener una sola; castigar a los que disienten, si no es que convenga otra cosa. El tolerantismo es una paz falsa; una irrisión de la divinidad y destructor de la felicidad pública y de las leyes.
--- Justo Lipsio. citado en Juan Bautista Morales. Disertación contra la tolerancia religiosa. México, 1831.
Sebastián Acevedo
Sebastián Acevedo Becerra
Minero chileno
El 9 de noviembre de 1983 se registra la detención de Galo y María Candelaria Acevedo Saez, hijos de Sebastián Acevedo Becerra, por civiles armados que no se identificaron. Su padre desesperado los busca en diferentes recintos y solicita ayuda en numerosas partes, sospechando que se encuentran en poder de la CNI.
El 11 de noviembre de 1983, al no tener noticias de ellos, en señal de protesta y para presionar a las autoridades, rocía parafina y bencina en sus ropas en la Plaza de la ciudad de Concepción, y debido a que un Carabinero intenta detenerlo, se prende fuego, muriendo a las pocas horas a consecuencia de la quemaduras que sufre.
La Comisión estima que si bien Sebastián Acevedo murió a consecuencias de hechos provocados por su propia mano, y no cabe en rigor calificar su muerte de una violación de derechos humanos, es víctima de la violencia política, porque tomó la determinación que le costó la vida en un gesto extremo por salvar a sus hijos de consecuencias inciertas, pero que bien se podía temer fueran muy graves, o como modo desesperado de protestar por la situación que lo afligía como padre.
https://www.memoriaviva.com/ejecutados-politicos/acevedo-becerra-sebastian
Sebastián Acevedo
Gonzalo Rojas
Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.
Sólo veo ahí llamear a Acevedo
por nosotros con decisión de varón, estricto
y justiciero, pino y
adobe, alumbrando el vuelo
de los desaparecidos a todo lo
aullante de la costa: sólo veo al inmolado.
Sólo veo la bandera alba de su camisa
arder hasta enrojecer las cuatro puntas
de la plaza, sólo a los tilos por
su ánima veo llorar un
nitrógeno áspero pidiendo a gritos al
cielo el rehallazgo de un toqui
que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.
Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar
al muerto: curandero
de nuestras heridas desde Arauco
a hoy, casi inmóvil en
su letargo ronco y
sagrado como el rehue, acarrear
las mutilaciones del remolino
de arena y sangre con cadáveres al
fondo, vaticinar
la resurrección: sólo veo al inmolado.
Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado.
https://www.youtube.com/watch?v=uF9RuLRanpY
Un viernes, a las tres
Un día viernes, lo recuerdo bien. El 11 de noviembre de 1983. Desde las tres de la tarde estoy en el departamento de radio del Arzobispado, preparando la grabación del programa del domingo. Y me dicen: “Esta mañana lo andaba buscando un señor que tiene detenidos a sus dos hijos, y que quería hablar con usted”. ¿Cómo se llama? “No dejó su nombre, pero dijo que volvería”.
No han pasado aún quince minutos, cuando alguien sube corriendo las escaleras del edificio gritando: “¡Hay un hombre abajo que quiere quemarse vivo!” No sé cómo, corro bajando los tres pisos. Al llegar a la puerta, el portero me dice: “Acaba de salir hacia la plaza con un bidón de bencina. Sólo dejó su chaqueta”. Sigo corriendo lo más que puedo por esos cincuenta metros que me separan de la plaza, en la esquina de Barros Arana y Caupolicán, y, al asomarme, miro hacia la catedral y veo que un hombre convertido en una hoguera humana inicia una danza macabra que lentamente lo va desplazando por las gradas, lo conduce a través de la calle Caupolicán hacia la plaza y finalmente lo desploma entre dos tilos, convertido en un solo fuego que nos cuesta apagar entre los que nos hemos acercado con extintores y mantas.
Entre gritos de horror, va produciéndose poco a poco un profundo silencio. Me encuentro de rodillas junto a un cuerpo humeante, un carbón humano, que con su mirada fija intenta darme alguna explicación de lo ocurrido. ¿Qué le ha pasado, por qué ha hecho esto?, le pregunto. “Que la CNI me devuelva a mis hijos. Que la CNI me devuelva a mis hijos. Que la CNI me devuelva a mis hijos”, me dice como una letanía. Mientras otra gente se moviliza para procurar una ambulancia, lo invito a rezar diciendo: Padre Nuestro … A lo que él me acompaña con sus débiles fuerzas. Le doy la absolución sacramental, y él reacciona orando a Dios de esta manera: “Padre, perdónalos a ellos, a los de la CNI, y perdóname también a mí por este sacrificio”.
Minutos después que Carabineros lo retira del lugar y lo conduce al hospital regional, ante la demora de la ambulancia solicitada con urgencia, me dirijo a la portería del Arzobispado para hacerme cargo de su chaqueta. Descubro de inmediato sus documentos. Y leo en su carné de identidad: Sebastián Acevedo Becerra, 52 años, obrero. Efectivamente, Sebastián tiene dos hijos detenidos por la CNI, María Candelaria y Galo Fernando.
Sebastián llega al hospital regional de Concepción como a las tres y media de la tarde. Algunos testigos privilegiados de las horas que siguen, el médico Juan Zuchel y el sacerdote Raúl Cohen, cuentan detalles de esos momentos. ¿Qué les dice Sebastián? Que él no ha querido quemarse, ni menos matarse. Sólo ha querido hacer un gesto de presión para que se le dijera dónde estaban sus hijos y en qué condiciones los tenían. Se había propuesto darle un plazo a la Intendencia, hasta el día siguiente a las seis de la tarde, para que se le diera alguna información segura, permitiéndole visitar a sus hijos. Dice: “Si mis hijos son culpables, que lo demuestren en un juicio justo; si no, que me los entreguen”.
Con esta disposición se ha plantado aquel viernes, a las tres de la tarde, frente a la inmensa cruz que, ante las puertas de la catedral, había sido levantada como signo de reconciliación. Sin embargo, una patrulla de carabineros que se acerca al lugar, conmina a Sebastián a que salga de allí. Les dice Sebastián: “Miren, no se atrevan a cruzar hasta aquí, porque si lo hacen, me enciendo”. Y exhibe en su mano derecha un encendedor que acerca amenazante a su cuerpo ya empapado con bencina y parafina. Y explica Sebastián: “El oficial no me creyó. Parece que a los uniformados les cuesta creer en la palabra de los civiles. No me creyó. Avanzó hacia mí y yo me encendí”.
En medio de esas horas de angustia, aparece en el hospital su hija María Candelaria. La CNI la ha dejado en libertad, pero sólo por unos días, porque volverá a detenerla. Le dicen a Sebastián que está su hija y que le permiten hablar con ella por citófono. “No lo creo. Quiero verla”, exige Sebastián. Entre todos convencemos a la hija que no lo haga, que evite un impacto emocional tan tremendo. Finalmente hablan por citófono. “María ¿eres tú?” Sí, papá, soy yo. “¿Cómo sé yo que eres tú y que no me están engañando?” Papá, si soy yo. “Te voy a poner una prueba. ¿Cómo te decía yo cuando eras chica?” Mi sargento Candelaria, papá. “Entonces eres tú, eres mi hija”. Sigue una conversación muy hermosa. Sebastián le pide perdón a su hija por lo que ha hecho, y le pide que lo entienda. Le da consejos muy hermosos acerca del cuidado de su hijo, el nieto tan querido.
Ese día, esa noche, nos quedamos todos en vigilia. En agonía. A la espera de lo inminente. La vida de Sebastián no cruzará de la noche al día. Fallece un cuarto para las doce de esa misma noche y ha permanecido lúcido hasta poco antes de morir. Minutos antes de aquel sábado, todo está consumado. Me encuentro con Raúl, el sacerdote capellán del hospital. Me abraza conmovido y me dice: “Era como ver morir a Cristo”. Sí, le digo, y en un viernes, a las tres.
Por Enrique Moreno Laval, SSCC
The Great Sorrow
Let us think of our ancestors
as we welcome the convergence of the moons.
It began in a time of prosperity and amusement.
Mongo was blue and green.
The ground fertile.
The water plentiful.
Mongo was generous to the people.
But the people were ungrateful.
They wanted more than the land could provide.
And when it could give no more,
they turned their eyes to the sky.
For the Moon was vast
and have ample gifts to give.
The Moon had abundant gifts.
And soon it came to pass
that two brother moons were placed in the sky,
and they were called Arkaylia and Surd.
And they were built to shelter the travelers
who came to plunder the Moon's gifts.
And when they returned to Mongo,
with the Moon's bounty, they rejoiced,
for it was a glowing red ore.
And they thought that it was good.
But soon there were portents of a coming disaster.
Hot winds and crimson dust.
For the red ore was not of this soil.
But all eyes turned away from the omens,
for the Moon's bounty had brought new prosperity
and new amusement.
They turned their eyes from the omens.
And, then, in a great explosion of thunder,
a ball of fury ignited the sky!
The ground quaked and the children cried.
For they were afraid.
Dark clouds of death engulfed the cities.
Burning rain seared their skin,
and the children cried,
"What have you done?"
Crops turned to ash!
Beasts fell were they stood.
The water turned gray.
And the children cried,
"Why has this come to pass?"
Because we chose prosperity and amusement.
And we took more than the land could give.
And we were ungrateful.
Extinction was upon the land.
So a congregation was chosen to go to the sky.
An exodus to the moon Arkaylia
for three generations.
One one-hundredths
of one one-hundredths of the people.
All who remained on Mongo soon perished.
One day, they saw fire clouds vanish.
The time had come for the grand return.
And they returned.
The planet had changed.
The new world was hostile.
They were grateful for what they'd been given.
And, in return,
Mongo gave them a well of bubbling sourcewater.
And once again, there was hope.
A declaration was made to honor the lost ancestors.
A promise of peace and harmony.
"We will not reap more than we sow.
We will not take more than the land can offer.
Our want for comfort and amusement
will not lead us astray.
When we see an omen,
we will not turn away.
And we will be grateful for what we are given."
We light the fire of remembrance
as a promise to live
in accordance with this covenant.
"I promise."
Reference:
"Sorrow"
Flash Gordon
Video:
https://www.youtube.com/watch?v=3HMzV_C9XhA
Shepherd Me O God
Based on Psalm 23 https://www.catholicplanet.com/mp3/forgiven.htm https://www.ccmforgiven.com/3_Albums/ForgivenByRequest.html
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