Del hombre o del ángel, el gran Arquitecto
sabiamente ocultó, y no divulgó
Sus secretos, para que los escudriñaran aquellos que debían
Admirar; o, si se dignaban a intentar
Conjeturar, su estructura de los cielos
Ha dejado a sus disputas, tal vez para provocar
Su risa ante sus extrañas opiniones
en el futuro; cuando lleguen a modelar el cielo
Y calcular las estrellas, cómo manejarán
La poderosa estructura, cómo construir, deconstruir, idear,
Para salvar las apariencias, cómo ceñir la esfera
Con centros y excéntricos garabateados,
Ciclo y epiciclo, orbe dentro de orbe.
-- John Milton
Mind of Guanaco
Whatever grinds my gears
Friday, April 3, 2026
Del hombre o del ángel
From Man or Angel
From Man or Angel the great Architect
Did wisely to conceal, and not divulge
His secrets, to be scanned by them who ought
Rather admire; or, if they list to try
Conjecture, he his fabric of the heavens
Hath left to their disputes, perhaps to move
His laughter at their quaint opinions wide
Hereafter; when they come to model heaven
And calculate the stars, how they will wield
The mighty frame, how build, unbuild, contrive,
To save appearances, how gird the sphere
With centric and eccentric scribbled o'er,
Cycle and epicycle, orb in orb.
-- John Milton
Sunday, March 29, 2026
Schopenhauer's Cat
I know well that if I seriously assured any one that the cat which now plays in the yard is still the same one which made the same springs and played the same tricks there three hundred years ago, he would think I was mad; but I also know that it is much madder to believe that the cat of to-day is through and through and in its whole nature quite a different one from the cat of three hundred years ago.
-- Arthur Schopenhauer. The World as Will and Representation. Fourth Book, Chapter XLI.
Borges y el gato de Schopenhauer
Quien me oiga asegurar que el gato gris que ahora juega, en el patio, es aquel mismo que brincaba y que traveseaba hace quinientos años, pensará de mí lo que quiera, pero locura más extraña es imaginar que fundamentalmente es otro.
-- Jorge Luis Borges. Historia de la eternidad.
Sé muy bien que si le asegurara seriamente a alguien que el gato que ahora juega en el patio sigue siendo el mismo que hacía los mismos saltos y las mismas travesuras allí hace trescientos años, pensaría que estoy loco; pero también sé que es mucho más descabellado creer que el gato de hoy es, en todos los sentidos y en toda su naturaleza, completamente diferente del gato de hace trescientos años.
-- Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación. Volumen II, Libro Cuarto, Capítulo XLI
Sunday, March 15, 2026
Idus de marzo
Tras la muerte de varias víctimas y al no obtener presagios favorables, entró en la Casa desafiando los augurios, riéndose de Spurinna y llamándolo falso profeta, pues los Idus de marzo habían llegado sin causarle daño alguno; aunque Spurinna replicó que, en efecto, habían llegado, pero no se habían marchado.
Al tomar asiento, los conspiradores se congregaron a su alrededor como para presentarle sus respetos, e inmediatamente Tillius Cimber, que había tomado la delantera, se acercó como para preguntar algo; y cuando César, con un gesto, lo relegó a otro momento, Cimber lo agarró de la toga por ambos hombros; entonces, mientras César exclamaba: «¡Pero esto es violencia!», uno de los Cascas lo apuñaló por un costado, justo debajo de la garganta. César agarró el brazo de Casca y lo atravesó con su estilete, pero cuando intentó ponerse de pie de un salto, otra herida se lo impidió. Cuando vio que estaba rodeado por dagas desenvainadas por todos lados, se cubrió la cabeza con su túnica y, al mismo tiempo, bajó la falda hasta sus pies con la mano izquierda para caer con más dignidad, cubriendo también la parte inferior de su cuerpo. Y de esta manera fue apuñalado con veintitrés heridas, sin pronunciar palabra, salvo un gemido al primer golpe, aunque algunos han escrito que cuando Marco Bruto se abalanzó sobre él, dijo en griego: «¿Tú también, hijo mío?». Todos los conspiradores huyeron, y él permaneció allí sin vida durante algún tiempo, y finalmente tres esclavos lo pusieron en una litera y lo llevaron a casa, con un brazo colgando. Y de tantas heridas, ninguna resultó mortal, en opinión del médico Antistio, excepto la segunda en el pecho.
Murió a los cincuenta y seis años y fue contado entre los dioses, no solo por decreto oficial, sino también por la convicción del pueblo. Pues en el primero de los juegos que su heredero Augusto ofreció en honor a su apoteosis, un cometa brilló durante siete días consecutivos, elevándose hacia la undécima hora, y se creyó que era el alma de César, que había ascendido al cielo; y por eso una estrella corona su estatua.
Se votó que la sala donde fue asesinado fuera tapiada, que los Idus de Marzo se llamaran el Día del Parricidio y que nunca más se convocara una sesión del Senado en esa fecha.
Monday, January 12, 2026
Del hombre o del ángel
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